31 enero 2007

Apuntes de esgrima.

Se me ocurrió hace poco tomar apuntes de esgrima, recurriendo a alguna película que fuera respetuosa con el tema. Pero al querer hacer dibujos de esgrima antigua, medieval, me he encontrado con el problema de que la esgrima escénica, siendo más o menos respetuosa según las producciones, es por lo general… pues eso, demasiado escénica, de apariencia muy “falsa”.
Y lo peor ha sido cuando he intentado buscar información recurriendo a libros de esgrima deportiva, o a páginas Web… En una de ellas encontré incluso un texto en el que venían a decir que no había habido verdadera esgrima hasta el siglo XVII, que en la Edad Media sólo había una especie de “combate brutal” que empezaba con un pesado espadón y acababa acaso con los puños. Esto encaja perfectamente con estas historias asombrosas de que la espada medieval no tenía filo, o que pesaba lo que puede pesar una de esas que se compran en Toledo en cualquier tienda para turistas. Ni que decir tiene que todos estos datos son tremendamente falsos.
Se trata “tan sólo” de que las escuelas de espada anteriores al siglo XVII perdieron su continuidad y han desaparecido casi por completo.


A principios del siglo XVII, la esgrima de tiempos anteriores había evolucionado hacia estilos que usaba, como siempre, la soldadesca. Entre la nobleza, por su parte, empiezan a surgir esgrimas “experimentales”, “teóricas”, como las del maestro español Jerónimo Carranza o la de su discípulo Pacheco. Estas esgrimas se basan en las matemáticas, se inscriben dentro de sofisticadas teorías científico-filosóficas… Se llamó a estos estilos la Verdadera Destreza, y a los anteriores la “destreza vulgar”, en comparación, ya que así se la consideraba. En Francia, maestros como Gerard Thibault recogen el testigo de Carranza, considerándole el Inventor de la Ciencia de la Espada. Y de ahí viene la esgrima clásica que se perfecciona a lo largo del siglo XVIII, y de esta a su vez la deportiva actual. En resumen: que la esgrima actual se basó en su momento en el olvido, o más bien en el desprecio, por la anterior.


Así, no es tan raro que haya tanto desconocimiento acerca de las artes marciales históricas occidentales. Los actuales investigadores y practicantes de la llamada “esgrima histórica” se las ven y se las desean para reconstruir fielmente la esgrima de la Edad Media, sin caer en equívocos, y, eso sí, han conseguido aprovechar algunos manuales de la época, que revelan un uso de las armas sofisticado… y letal, más similar desde luego a la esgrima oriental que a la occidental moderna –Por cierto que resulta curioso que mientras esa imagen idealizada que nos llega de Asia del espadachín estudioso del arte de su “katana” afiladísima, veloz como un torbellino, muchos se la crean casi a pies juntillas, esos mismos se piensen que alguien puede… pongamos por caso… conquistar Tierra Santa, con una supuesta especie de cachiporra de metal con empuñadura de no se cuantos kilos que apenas se puede manejar-.


Los bocetos que aquí aparecen están basados en posturas descritas en esos grabados del siglo XVI a los que me refería antes, y en imágenes de practicantes modernos de estas artes bélicas.

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